viernes, 26 de octubre de 2012

Fuck You by Lily Allen

"Mírate adentro, mira dentro de tu pequeña mente y ahora mirá un poco más seriamente / Porque estás muy falto de inspiración y muy harto y cansado de todo tu rencor acumulado / (...) ¿Te divierte hacerte pasar por un débil mental adrede? / Querés ser como tu padre y es la aprobación detrás de lo que vas, pero no es así como vas a conseguirla / ¿Y disfrutas de una vida tan odiosa? Pues es un agujero donde debiera estar tu alma / estás perdiendo el control de la situación y es realmente de mal gusto / (...) Dices que necesitamos ir a una guerra / Bueno, Vos ya estás dentro de una porque es la gente como tu que debe ser dejada de lado, nadie quiere saber tu opinión! (...)

Intentar hacer cosas en busca de la aprobación exterior implica una cantidad importante de causas (que no expondré en esta entrada) y conlleva el pagar de costos altísimos de problemas de identidad. Al principio, el intento de satisfacer los deseos externos (para encontrar un supuesto rédito psíquico: el reconocimiento, la aprobación, la pertenencia) parece ser controlable o es bastante inconsciente en tanto la mayoría de las veces es interiorizado cuando somos niños sin poder de decisión / autonomía. Aunque llega un momento, en que el individuo empieza a TENER QUE desarrollar deseos inherentes que pueden o no condecirse con los del exterior. Si no hay coincidencia entre unos y otros, lo más sano / normal es obedecer los propios deseos y no querer llegar a ser idénticamente igual a un externo (generalmente los padres) sino sólo tomarlo como un ejemplo de acciones que constituyeron la persona que uno podría aspirar a parecerse. Sin embargo, no todos tienen la capacidad de discernir ni que somos únicos e irrepetibles (por lo que ser igual al otro NO es una opción, porque en el peor de los casos, se caería en un trastorno límite de la personalidad y codependencia emocional), ni que existe siquiera la posibilidad de hacerse caso en cuanto a los propios deseos y que es imprescindible tener deseos propios, sin los cuales no desarrollamos la identidad Yoica. 
Se cae entonces en un serio problema de personalidad que se va agudizando con el paso del tiempo y entonces el individuo comienza a sentir la indefectible pero importantísima escisión entre lo que necesita para mantener conforme al otro y estar de acuerdo con sus propios deseos. Lo más grave es que hay personas que ni siquiera saben cuáles son los deseos de ellos y cuáles sólo responden a la lógica ilógica de querer satisfacer los deseos de los otros. 
Esas personas tienden mucho a entrar en vacío existenciales profundos de un instante a otro y a caer en depresiones frecuentemente. No sólo porque no pueden concretar sus expectativas sino que ni siquiera pueden darse cuenta de cuáles pertenecen a ellos mismos. Esto se va a traducir en las conductas ambivalentes que el sujeto llegue a mostrar y éstas serán cada vez más frecuente.
Por eso, para evitar caer en la despersonalización y estar en una guerra constante desde nuestro interior, es que precisamos empezar a saber qué es lo que estamos seguros de no querer. Desde ahí, se puede empezar a tratar de recopilar data interna sobre gustos e intereses y hasta proyectar a futuro. E ir aplicando el lema de prioridades a corto plazo, irá ayudando a mejorar la comunicación con el Yo. Asimismo, separarse de los discursos dipolares de los que nos circundan (y mejor aún, aprender a reconocerlos) inclusive hasta físicamente, para conectarse con uno a las raíces que lo aferran a la vida plena, es menester para ser una persona ubicada en un lugar de tal y no de mera extensión parasitaria de un otro al que complacer. Después de todo, buscamos ser y encontrar gente auténtica, no clones de otros.

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