Hay veces en la vida, situaciones específicas, en las que nos obsesionamos con algo, o alguien, en tener eso que no alcanzamos de motus propio, o porque en su momento lo propiciamos nosotros sin darnos demasiada cuenta. Entonces parece que todo se conjugase en contra nuestra, siguiendo la línea de tal obsesión, que anhelamos alcanzar, mostrándonos a cada paso, que eso que nos vuelve locos e insanos, está cada día más lejos de ser obtenido.
Pareciera que todo ocurre adrede, que todo a nuestro alrededor se empecinara en mostrarnos cuán interesante termina siendo eso que deseamos, pero que no vamos a alcanzar. Y entonces, vamos perdiendo cada día más la esperanza de recuperar eso tan preciado. Nos proponemos continuar, pero el nudo en la garganta de no dejar de pensar en lo extraviado y cómo se podría retornar a un estadio previo a su pérdida, parece ser un muro como el de Berlín, y poco a poco el corazón va sintiendo que es cada vez más imposible sobrepasarlo a ese muro que encima va fortaleciéndose. Empezamos a tener reacciones, porque en algún momento de lucidez, consideramos que es importante hacer algo; pero como tantas veces, nuestras respuestas al afuera sólo parecen ser -ante los ojos de los demás- un contraataque en función de no obtener lo perdido. Y las cosas así dejan de funcionar.
Lo cierto es que nuestro exterior es la manifestación de nuestra parte interna e iremos encontrando en cada paso, razones para seguir derramando lágrimas, siempre que pensemos que no es nuestra culpa / responsabilidad. Porque a pesar de los lugares en donde nos pongamos como sujetos sufrientes, si no revisamos qué actitudes nuestras nos llevaron a ver esas manifestaciones externas de lo que nos hiere, vamos a seguir hallando idénticas situaciones hasta que aprendamos la lección de cómo manejarnos para con el resto. La proyección de la que tanto habló Freud, es justamente eso: inconscientemente propicio una circunstancia que sea la que internamente me tiene mal, me genera desequilibrio y decepción. Así, es como vamos a seguir encontrando situaciones que nos provoquen malestar, porque nuestro Yo precisa que se supere de una forma distinta lo que nos genera dolor.Y nunca debemos olvidar que aún cuando pensamos que hemos tratado de todo para variar los resultados, si estos siguen siendo iguales, es porque aún no tratamos de la forma correcta y es en ese instante en que pensamos que estamos sumidos en una profunda locura.

