Puede que nos suceda en ocasiones varias que sentimos que las cosas alrededor nuestro están derrumbándose, que nada es lo que esperamos puesto que habíamos puesto otro tipo de expectativas en lo que podría acaecer. Tendemos entonces a desilusionarnos, a desencantarnos, de todo lo que nos rodea y perdemos la fe hasta en las personas que pertenecen a nuestro entorno por cualquier mínima razón existente. Lo que no podemos ver, en esos momentos, es que nosotros estamos quizás con justificativos, dolidos y hasta nos pueda parecer que estamos nadando en contra de una corriente densa y hasta imposible de luchar. Por lo general son momentos en los que no podemos dejar de racionalizar las cosas, intentando sacar siempre conclusiones en función de los hechos y de nuestras sensaciones del momento en que todo es caótico. Sin embargo, tenemos que aprender que son sólo instantes de crisis por una decepción que pudo haber acaecido por una diferencia con nuestras ilusiones y objetivos previos a lo que sucedió.
Así es como caemos en un precipicio de dolor y en el abismo de una depresión por algo que nosotros mismos generamos, por ponernos metas demasiado exigidas y quizás hasta fuera de órbita, algo que nos termina frustrando y por ende nos hundimos más en arenas movedizas.
Por ende, hasta que no hallemos paz o tranquilidad para con nosotros mismos, y junto a ello, la aceptación de nuestro Yo verdadero, no podremos ver más que el hecho de que "ya nada tiene sentido ni nada está bien ..."
